Alguien está mintiendo. Autor: Karen M. McManus (PDF-MOBI-EPUB)



Sinopsis: Una nueva app está acorralando a la élite del instituto Bayview para estudiantes de perfil elevado. Las filtraciones de la vida privada de los estudiantes corren como la pólvora por la nueva red social creada por Simon Kelleher, alumno de la misma institución. Pero la cosa se pone muy seria cuando Simon es asesinado justo delante de sus víctimas. Los cuatro cabecillas de la «crème de la crème» estudiantil se convierten en sospechosos directos del asesinato. ¿Qué secretos guardarían para arriesgarse a acabar con Simon? ¿Quién será el culpable?



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Los demás seguimos aquí DE Patrick Ness - (PDF-MOBI-EPUB)



Sinopsis:
¿Qué pasa si no eres el Elegido? ¿El que se supone que tiene que luchar contra zombis, fantasmas come-almas, o lo que resulten ser estas luces azules y muertes misteriosas?
¿Qué pasa si eres como Mike? Él solo quiere pasar el verano con sus amigos, y quizás atreverse a pedirle para salir a Henna antes de que alguien haga saltar el instituto por los aires. Otra vez.
¿Es que si no vas a salvar el mundo, tu vida no puede ser especial e interesante? Aunque quizás no tanto como la de tu mejor amigo, el Dios de los Gatos...








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La Canción de Aquiles - Madeline Miller PDF descargar




Dioses, héroes y hombres de un mundo aparentemente gobernado por el Destino. La más grande epopeya de nuestra civilización sigue presente hoy más que nunca.

El joven príncipe Patroclo mata por accidente a un muchacho. Repudiado por su padre, es exiliado al reino de Ftía, donde lo acoge el rey Peleo, un hombre bendecido por los dioses, inteligente, apuesto, valiente y reconocido por su piedad. Tanto que se le concedió el más alto honor, la posibilidad de engendrar un hijo con una diosa. Aquiles. 

Aquiles es fuerte, noble, luminoso. Patroclo no puede evitar admirar hasta el último de sus gestos; su belleza y perfección hacen que sea incapaz de contemplarlo sin una punzada de dolor. Por eso no se explica que Aquiles lo escoja como hermano de armas, un puesto de la más alta estima que lo unirá a él por lazos de sangre y lealtad, pero también de amor. 

Así emprenden juntos el camino de la vida, compartiendo cada instante, cada experiencia, cada aprendizaje y preparándose para el cumplimiento de una profecía: el destino de Aquiles como mejor guerrero de su generación.





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Snow like Ashes - Sara Raasch (SAGA completa) ESPAÑOL DESCARGAR



Hace dieciséis años, un grupo de 8 inverneños consiguió escapar de la derrota de su reino. El relicario que contiene la magia de Invierno fue partido y ellos apenas pueden sobrevivir. Dos jóvenes, una huérfana y el futuro rey, se entrenan para luchar contra la magia oscura de Angra.
Meira está dispuesta a hacer cualquier cosa para recuperar el relicario. Su deseo es convertirse en guerrera y liberar a los inverneños esclavizados de su opresor, pero el destino tiene otros planes, y no solo tiene que pelear contra el enemigo sino también contra sus sentimientos, y animarse a creer en ella misma... y en sus sueños.










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Sasha y la Carnada




MUSICA PARA AMBIENTAR: AQUI



Estoy caminando junto a mi abuelo sobre el mantel de nieve más blanco que haya existido, apenas puedo mirar los rastros; pero para mi abuelo es como si leyera un libro abierto: su seguridad, su confianza en sí mismo, miles de arrugas, miles de cacerías registradas por sus pupilas.
-Si la presa huye de ti, debes atraerla.
-Pero, ¿si es un lobo, abuelo? -lo mire temerosa, su rostro estaba alto como una montaña, y eclipsada el sol, así que no podía ver su expresión.
-Usaras una carnada niña. Y esperaras, paciente como una piedra.
-¿Y luego?
Me aterraba la respuesta, pero ya no era una niña.
Abrí los ojos y el olor de Sam me lleno los poros. Estaba con las orejas paradas y tenía mirada curiosa mientras me olfateaba.
"Que no me lama la cara, que no me lama cara".
Me lamio la cara.
-¡Puaj! No, perro mala no.
Me ladro y pude interpretar que se estaba mofando de mí.
Cheque mi fusil y luego me sacudí el cuerpo mientras no le quitaba la vista a la casucha deshabitada. Había moscas revoloteando mi cara, y mas moscas sobre la sangre seca que machaba las ventanas, algunas partes del suelo y mi uniforme; lo último era lo que más repulsión me generaba.
Escupí y saque mi cantimplora, tome un poco de agua me moje los parpados, luego eche algo en mi casco y lo use como pote para que Sam se hidrate. Movió la cola todo el rato mientras me veía hacer eso.
-Buen chico -dije, mientras su lengua castigaba el agua.
Estaba atardeciendo y eso significaba que la noche caería pronto. Significa que esas criaturas de mierda volverían. Habían masacrado a toda la unidad 147 ante mis propios ojos y poco pude hacer para ayudarlos; si no hubiera sido por Sam hubiera sido asesinada también. Era un pastor alemán entrenado para detectar bombas y otras mierdas que los hajji fabricaban en estos desiertos de nada. Fue el primero en detectar la última noche que algo no andaba bien; de haber sabido toda la estúpida mierda acerca del entrenamiento de estos perros me hubiera dado cuenta de que algo raro pasaba; pero todos confiábamos en el marine a cargo de la unidad canina, un imbécil de Houston que todo el tiempo hablaba más de su novia en casa que de la misión.
Sam dejo de beber agua y miro hacia la puerta, fue hacia a ella con ritmo acelerado y la rasgo con sus pezuñas. Se quejó sin mirarme pero no ladro.
-¿Qué?
Mire por las aberturas y no vi nada. Le saque el seguro al fusil pero en vez de eso se lo puse. Mis manos temblaban y había olvidado por completo que me dormí con el arma lista para atacar.
-No hay nada Sam. Nada -murmure sin apartar la vista de las lomadas de arena y hierba seca que se veían a lo lejos.
Sam comenzó a ladrar, y esta vez aporreo la puerta como si esta le hubiera hecho algo cuando yo me dormí.
Definitivamente algo andaba mal. Pero no iba a salir. Aun contando que lo que sea que fueran esas criaturas de la noche anterior pudieran merodear, sabía que la luz del día las espantaba; debía ser algo más, alguien más. Un tirador a lo lejos lo más probable, esperando que asomara mi linda cabecita para reventarla como una sandía.
Fui al rincón donde estaban algunas de las cosas que había salvado de los cuerpos mutilados de la unidad y recogí mi rifle Chey Tac, le quite la mira y la use como binocular para mirar en todas las direcciones que los agujeros de la casa me lo permitían: la estructura era como un queso gruyere así que fue bastante fácil analizar el área.
Luego de unos segundos no encontré nada. Sam seguía empecinado con la puerta, esta vez la olía por debajo, desde donde entraba el polvillo del desierto.
Apreté los dientes y torcí la mandíbula, ¿qué podía Sam saber que yo no? ¿Qué podía detectar que yo no...?
-Oh mierda.
Ruido, ruido de vehículos, y no eran de los nuestros.
Tome el fusil m14, que era obviamente mil veces más liviano que el rifle y salí corriendo por la puerta, Sam se adelantó en dirección oeste y le seguí. Al llegar a unos muros derrumbados se agacho; vi por detrás y a como a kilómetro y medio vi polvo en el cielo. Saque mi improvisado binocular y vi lo que venía: cuatro artillados pickup, dos autos Volkswagen viejos, y más de una veintena de soldados armados sobre todas esas ruedas; hajjis. Y venían en mi dirección: no iban a razonar conmigo ni aceptar mi rendición. La iba a pasar muy mal si me entregaba. Tenía que combatir.
Pero Sam, ¿qué iba a  hacer con él?
Volvimos corriendo a la casucha y me prepare; rearme el chey Tac, recogí varias granadas y dos minas antipersonales; Sam estaba extasiado pero esta no era su pelea; saque una soga del bolso y se la pase por el cuello, luego ate una estaca al suelo y uní la soga a Sam a ella. Lo acaricie un poco para que se calmara pero no me opuso resistencia.
-Aquí Sam, quédate aquí.
Si veían a Sam correteando por ahí le dispararían por simple deporte. Sabían que este tipo de perros eran de los nuestros. Tome un chaleco antibalas del suelo y se lo puse. Gruño un poco cuando le apreté demasiado por no trato de sacárselo a mordiscones: aunque si lamio la sangre seca que manchaba el accesorio.
-Tenemos que aguantar Sam. Hasta que caiga la noche.
Salí por la puerta y me arrastre de rodillas hacia el muro, mire por encima y aún faltaban 500 metros para que la caravana llegara. Coloque las minas y tire el hilo para unir ambas en un radio de 20 metros enfrente de la casa. Las tape con arena y con suerte harían algo de bien al explotar.
Volví a la casucha, levante el Chey Tac con un gran esfuerzo, era mi imaginación o pesaba más? Tarde en darme cuenta que no tenía muchas energías, ni siquiera había comido y no era como si un McDonald’s estuviera abierto a la vuelta de algunas de estas montañas de nada. Oí claramente el ruido de los motores y mire por la ranura de la ventana, estaban casi en la entrada de la propiedad; pero aunque los tuviera a tiro no podía delatar mi posición sin comprometer a Sam. Tenía que esperar a que ellos tomaran posición antes de hacer mi "jugada".
Los vehículos se posicionaron en fila horizontal justo antes de pasar por el muro y se  detuvieron aunque sin apagar los motores. Los hombres se desplegaron aunque parecían tranquilos, ¿era posible que solo hubieran venido a inspeccionar?
El reflejo del sol en sus lentes negros me encandilo un poco; como el reflejo del abuelo en mi sueño.
"Sasha... usa la carnada"
Su voz retumbo entre las paredes y pensé que la anemia me estaba provocando ilusiones.
-No, no usare a Sam -dije.
¿Con quién hablaba?
Luego entendí... Sam no era la carnada.
El jefe del grupo, una mierda obesa y de barba se adelantó por los muros caminando con paso militar mientras varios hombres los escoltaban. La explosión sacudió la casucha y alcance a ver caer del cielo los restos de esos hijos de puta.
Sam ladro pero apenas oía algo, el retumbar me dejo un zumbido de maravillas. Mire de nuevo y vi a todos corriendo y reagrupándose un poco más atrás; debía haber más de una docena de hajjis aun; y estaban montando las ametralladoras Minimi para atacar.
Era el momento.
-Quieto Sam, quieto aquí. Ya vuelvo.
Cerré los ojos e imagine la lomada de arena que estaba a unos 100 metros a la izquierda de la caravana. Solo eran 100 metros, podia hacerlo; no eran 10 km o mas. Pero ¿porque tenia miedo de fallar otra vez?
Basta de dilemas, me concentre, respire hondo y entonces "rebote"...
Me materialice sobre la arena y caí de rodillas; rápidamente tome posición y me arrastré para tener cobertura. Coloque el Chey Tac en posición y el corazón empezó a darme fuertes golpes. Medí el viento, la distancia, y de mi boca salió algo de vómito, lo trague; no podía descentrarme.
Fije los dos artilleros que tenía más cerca, solo para que se dieran cuenta de donde venian los disparos... y comencé:
¡PUM!
Recargue.
¡PUM!
Recargue.
¡PUM!
Recargue.
¡PUM!
Recargue...






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